04/02/2023

Rompiendo barreras contra la discriminación por identidad de género

AUDIO: Manuela González

Hace ya cinco años, el 29 de agosto de 2014, el Consejo Superior de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) sancionaba la Ordenanza CS N°038, mediante la cual se declaraba a la institución «libre de discriminación por expresión e identidad de género», a la vez que establecía para todas las dependencias académicas y administrativas el reconocimiento de la identidad de género adoptada y autopercibida de cualquier persona a su solo requerimiento, cuando ésta no coincida con su nombre y sexo registrales.

La sanción de esta normativa, junto a otras acciones que la casa de estudios viene emprendiendo desde antes y hasta el presente (la más reciente: la aprobación en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la utilización de lenguaje inclusivo para producciones académicas de les estudiantes), marcan una clara política institucional orientada a la inclusión, la ampliación de derechos y la lucha contra cualquier discriminación y violencia, en particular aquellas vinculadas a las mujeres y las disidencias sexuales.

Para reflexionar sobre la importancia de las normativas que van en ese trayecto, y en general en torno a la lucha cotidiana contra prejuicios y resistencias, a través de la Secretaría de Comunicación la UADER conversó con Manuela González, maestra trans que en 2017 fue reconocida por la Universidad como Mujer Destacada, en el marco de la Agenda M «Mujer, Memoria, Malvinas».

«Tengo 31 años, soy profesora de EGB 1 y 2, y actualmente trabajo en una escuela primaria de Gualeguaychú, semirural; hace 8 años que soy docente e hice mi carrera entera sin la identidad de género», dice para presentarse.

«Luego de muchos años hice la retractación de mi DNI, es decir, asumí para la ley mi identidad autopercibida, ya trabajando como maestra». Como la única docente trans en su ciudad, Manuela cree que «soy docente justamente porque desde chica siempre me sentí mujer; si bien en mis años de escolaridad no era común ni normal hablar de identidad de género, internamente yo sabía cuál era el género que sentía».

En la elección de su vocación, ella entendió que «la educación es el lugar para transformar la realidad de las personas, especialmente al trabajar con chicos, porque lo que se aprende de chico no se olvida jamás».

Desde el aula, Manuela siempre trató de hacer un mundo mejor. «Mi idea es que los chicos sean personas capaces de tolerar las diferencias y criarse en el respeto; desde ese lugar tomé la iniciativa de trabajar en la docencia», afirma sin desconocer los movimientos que generó su presencia en el sistema educativo. «Lo tomo como un aporte necesario que había que hacer para la educación en la ciudad, ya que a partir de mi incursión tuvieron que replantearse un montón de cosas, interesarse por la Ley de Identidad de Género, mejorar los tratos, capacitarse», reseña.

Las resistencias, también, «tienen que ver con la cultura que construimos los argentinos, de muchos prejuicios, que son nada más y nada menos que miedos», considera. Y esboza algunas claves para construir algo diferente: «Hay una falta de empatía bastante grande con la comunidad LGBTIQ, de un determinado sector de la sociedad que no quiere que tengamos derechos, como si eso estuviese mal; pero lo único que pedimos es que se valoren los derechos humanos, el trato digno, de eso trata la ley en profundidad».

Más allá de los obstáculos que a diario parecen persistir, esta maestra trans que con mucha prestancia defiende sus ideas, mira el lado medio lleno del vaso: «Vamos camino a lograr esa empatía que falta, a partir del trabajo que vienen realizando las organizaciones de la comunidad y sus referentes; desde mi lugar pienso siempre en lo que puedo dejar para las futuras generaciones y apuesto a construir infancias, adolescencias y adulteces felices».

En este trayecto, el trabajo de hormiga de Manuela es permanente. «Trabajo para que las personas que me rodean, alumnos, docentes, ordenanzas, el que sea, sean empáticos, conozcan la realidad que muchas veces se oculta o se distorsiona; porque ser trans no tiene que ver sólo con vestirse de mujer, hay mucha desinformación y eso genera más prejuicios y aleja a la gente de nuestra lucha, que es una lucha sana».

A la hora de los reconocimientos, no olvida mencionar «todos los días y en todos mis relatos» a Diana Sacayán y Lohana Berkins, «que son como las dos grandes mamás de las mujeres trans y del colectivo LGBTIQ, porque supieron poner en palabras y contarle a todo el mundo por lo que hemos pasado como minoría históricamente maltratada; y porque ellas lucharon para que tengamos normativas inclusivas e intentaron sanar el mundo dejando un legado enorme».

Manuela también destaca a Marlene Wayar, activista trans y psicóloga social argentina, por impulsar el único periódico latinoamericano trans y por «tratar de posicionarnos a los cuerpos disidentes desde otro lugar».

«Por ellas y por todas las mujeres trans que se quedaron en la lucha, que fueron discriminadas o matadas, hoy yo puedo pararme en un aula con mucha seguridad; ellas abrieron la puerta a un mundo mejor, lo cual es digno de recordar», expresa.

La medida adoptada por la UADER hace cinco años refleja el espíritu de lo que manifiesta Manuela. Incluye, invita al respeto y la tolerancia. A la empatía. Los anhelos de esta maestra también son parte de la normativa, aunque no estén en la letra.

«Me hace feliz pensar que nuestro país ha evolucionado muchísimo como sociedad, al tener leyes que son del primer mundo; me hace feliz que la gurisada no arrastre estigmas tan dañinos para la comunidad LGBTIQ y me sorprende la enorme grandeza que tienen los chicos para darse cuenta que el amor es amor, un sentimiento, y cómo ellos aprenden las cuestiones de género», confiesa.

Y aún más: «Me hace feliz que pese a todo lo negativo, la comunidad LGBTIQ es resiliente y aunque nos destrocemos en cincuenta mil pedazos, sabemos que desde las cenizas, como el Ave Fénix, resurgimos con más fuerza, porque siempre creo que lo mejor está por venir; vivir para poder dejar algo, me ilusiona muchísimo».

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