04/02/2023

Pesar por el fallecimiento de Horacio González

Quien fuera director de la Biblioteca Nacional entre 2005 y 2015, Horacio González, recibió en octubre de 2015 de parte de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), la máxima distinción académica que otorga la universidad pública: el título de Doctor Honoris Causa. En aquella oportunidad, el reconocido intelectual argentino -que falleció en la jornada del 22 de junio- profundizó en la obra de Juan L. Ortíz al dedicarle su conferencia magistral en la Escuela Normal “José María Torres” de Paraná.

El compañero de la cantante entrerriana Liliana Herrero, a quien desde la Universidad se acompaña con un entrañable abrazo en este momento de dolor, deja como legado una obra de inconmensurable valor en los anaqueles del país. Obra que reúne ensayos, novelas, documentos políticos, todas con la particularidad de ser siempre punto de pasaje de los textos que a lo largo de la historia han sido claves para pensar la Argentina.

González deja además un modo de leer, de actualizar, de darle vida siempre a la literatura sobre el país y su entorno latinoamericano, en pos de renovar y apostar por el pensamiento crítico, el debate y la búsqueda de nuevas perspectivas para pensar la cultura, la política y la sociedad de este tiempo, con el horizonte puesto, sin retaceos, en plasmar la justicia social y los sueños colectivos.

Los fundamentos de la resolución del Consejo Superior de UADER, al momento de aprobar la distinción para González años atrás, tuvieron particularmente en cuenta el modo en que González pensó a la Universidad pública, su rol en la sociedad y su vínculo con el territorio.

En este sentido, en la ceremonia de entrega del título, se reivindicó su actuación en su juventud como impulsor de políticas de fuerte raíz extensionista en educación superior, en el breve período institucional que protagonizó Héctor Cámpora como presidente, entre 1973 y 1974.

González, doctor en Ciencias Sociales, fue un militante que llevó hasta los límites que los tiempos permitieron las acciones en favor de derribar los muros que separan a la Universidad de su pueblo.

En este objetivo se enmarcaron las denominadas Cátedras Nacionales, que se propusieron rescatar para las ciencias sociales a los autores argentinos y latinoamericanos, se plantearon como objetivo ir en busca de esos ensayos para pensar la realidad del continente y para hacer política de transformación en este lado del mundo.

También se comprometió con una Universidad distinta como docente en tiempos convulsionados, con cátedras abiertas de diez mil alumnos ávidos por conocer otra historia del país, otro perfil, otro modo de contar la Argentina y sus avatares. González se atrevió a poner en acto las reiteradas consignas en torno a la Universidad que es una sola, que no tiene fronteras con su comunidad.

Así, en 1973 supo incluir en un tribunal examinador a militantes de organizaciones barriales en un encuentro complejo, enriquecedor, absurdo desde alguna perspectiva, encuentro al que sobre todo le faltó tiempo.

Además, se atrevió a elegir a un elenco de teatro, a cargo de Mauricio Kartún, para que complete su equipo en la cátedra de Historia Nacional y Popular para la carrera de Ciencias Económicas de la UBA.

La UADER recuperó en 2015 estos intentos que supo encarnar un intelectual como González, siempre con la idea de suscitar la reflexión contemporánea sobre la universidad y su territorio.

Hoy, esta comunidad universitaria, con profundo dolor, renueva su homenaje a quien fuera durante una década custodio de los textos de la Argentina. La UADER actualiza ante esta irremediable pérdida su compromiso con el pensamiento crítico y con la riqueza del debate del que González fue artesano y altísimo cultor.

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