30/01/2023

Los libros, el otro blanco de un plan de exterminio

A 46 años del golpe de Estado que instauró la más oscura dictadura de la historia argentina, ponemos así, de relieve, la profunda relevancia social que tienen los libros en una sociedad. Libros en su más amplio sentido, desde un cuento infantil a un texto clave del pensamiento crítico; desde una novela a un ensayo filosófico; libros que son poesías, cuentos, historias, denuncias, canciones.

A partir del 24 de marzo de 1976, hubo listas de libros prohibidos, listas que no dejaron nunca de crecer, impidiendo cada vez más la circulación de sentidos en una población aterrada.

Hubo listas siempre actualizadas de libros censurados. Hubo también libros cuidadosamente, peligrosamente escondidos, enterrados a la espera de mejores tiempos. Con suerte algún verso, algún párrafo quedó fervientemente a salvo en la memoria.

Normas del terror

Ya en democracia, relevamientos de la documentación del paso de la dictadura por el Estado dan cuenta de más de 7 mil decretos vinculados a la prohibición, el secuestro y las quemas de libros de autores que en muchos casos fueron víctimas del terrorismo de Estado.

En los fundamentos de los decretos, se repiten determinadas fórmulas. Por ejemplo, se prohíben libros por “poner de manifiesto tendencias disociantes y metodologías de reclutamiento para la acción de la subversión armada”. O por ser literatura que “en modo alguno coincide con el sentir nacional” o por hacer “proliferar conflictos ideológicos que no contribuyen a los objetivos fijados por el Proceso de Reorganización Nacional”. También hay órdenes que fundamentan la censura de obras por expresar “postulados marxistas, lesivos para las instituciones fundamentales de la Nación y para el sistema de valores mencionados en el Acta del 24 de marzo de 1976”.

Las quemas de libros a cielo abierto, pareciera que con el fin de que la población fuera testigo, se repitieron en distintos puntos del país a lo largo de los siete años de la dictadura. Por mencionar dos casos: En 1980, en Sarandí, se ordena prender fuego a 24 toneladas de libros, un millón y medio de ejemplares, del Centro Editor de América Latina. Unos años años, en 1976, en Córdoba, se ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint –Exupéry, Galeano. Los militares a cargo del operativo expresaron a los diarios de entonces que “de la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina”.

La instauración del terror supuso el intento, a sangre y fuego, de limitar la circulación de sentidos, de ahogar el debate, el pensamiento, la creatividad y la imaginación sin fronteras, como un modo más de imponer qué decir y que no, que pensar y en suma cómo vivir. El plan de exterminio se completó con la férrea represión cultural y social.

A 46 años, recuperamos estos textos, los leemos en voz alta, los volvemos a compartir, les encontramos nuevos sentidos. Para seguir trabajando por Memoria, Verdad y Justicia. 

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