28/01/2023

La importancia de usar tapabocas

Aldo Calzolari es Licenciado en Microbiología y Doctor en Biología. Acredita una extensa actividad de docencia, investigación y extensión en diversas instituciones universitarias. En la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) ha dictado cursos de posgrado para la Facultad de Ciencia y Tecnología. También es docente en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

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¿Cómo se comporta el virus en las gotas que exhalamos al respirar? ¿Y cuando hablamos? Un artículo publicado el 27 de mayo en Science*, una de las dos revistas científicas más importantes del mundo, defiende y justifica el uso del tapabocas, barbijo o protector facial. Comento aquí los principales conceptos de este trabajo de Kimberly Prather y colegas. Ella señala que, al respirar y hablar, se producen gotas que van desde un milímetro a una diezmilésima de milímetro (donde justo entra un coronavirus).

Un conjunto de factores, como el tamaño de la gota, la inercia, la fuerza de la gravedad y la evaporación inciden en cuánta distancia van a recorrer estas gotas en el aire. Las gotas grandes van a caer sobre las superficies empujadas por la gravedad antes de llegar a evaporarse. Si se trata de una persona portadora asintomática, va a contaminar las superficies y producir transmisión de coronavirus por contacto. Las gotas de tamaño intermedio entre esos dos extremos se pueden evaporar antes que la gravedad las pueda depositar sobre superficies, pero permanecen flotando en el aire, son tomadas por las corrientes de aire y transportadas a distancias mayores. ¿Desde qué distancia se huele el humo de un cigarrillo? Es básicamente la misma distancia que pueden recorrer las microgotas con coronavirus, a veces más de diez metros si hay corrientes de aire.

Las gotas más pequeñitas se evaporan más rápido, pero en zonas con mayor humedad ambiental duran más tiempo. Estas microgotas son causantes de las infecciones más severas, ya que, al estar en forma de aerosol, es posible que sean transportadas más profundamente al interior de los pulmones. En estas zonas profundas, el coronavirus podría ganarle la pulseada a las defensas del sistema inmune. Para complicar más el panorama, este coronavirus se multiplica tres veces más rápido que otros. Entonces, un gran número de ellos puede alcanzar la faringe y ser expulsados del cuerpo antes que el sistema inmune pueda reconocerlo y comenzar a mostrar síntomas (tos, fiebre, etc.). Cuando se identifica a alguien con COVID-19, pasaron varios días donde estuvo contaminando el ambiente y a otras personas, sin saberlo.

Para decirlo en forma sencilla: en una conversación en tono normal, una persona portadora asintomática transmite cada minuto entre mil y un millón de gotas. Una persona que habla fuerte o grita, muchas más. Y ni imaginar si tose o estornuda. Si la persona portadora se encuentra al aire libre, las gotas se desparraman más rápidamente, se diluyen y la posibilidad de contagio es menor. Pero si se encuentra en una habitación, el riesgo de contagio es mucho mayor.

Las Naciones Unidas recomiendan el uso de algún tipo de protección facial. Los tapabocas y sus equivalentes proporcionan una barrera física para disminuir la posibilidad de infectarse. Es fundamentalmente una protección para las personas sanas. También ayuda a que las personas portadoras desparramen menos virus. Entonces, es particularmente crítico llevar tapabocas en lugares como supermercados, restaurantes, colectivos y cualquier lugar con ventilación reducida. Les niñes deberían salir a jugar con tapabocas, pues sus gritos y su respiración agitada los hace más susceptibles al contagio y, aunque la tasa de infecciones en esta franja etaria es baja, pueden ser portadores asintomáticos.

No es necesario contar con equipos tapabocas sofisticados. Investigaciones recientes dan cuenta que tapabocas caseros, confeccionados con dos o tres capas de tela son similares a máscaras de uso médico, por lo que no hay problemas de costos ni de desabastecimiento. Ni excusas.

El factor clave en la distribución del coronavirus es la transmisión por aire. Controlar esta transmisión por medio de dos o más metros de distancia y tapabocas es la clave para evitar que el coronavirus se disemine silenciosamente a través de aerosoles producidos por personas contagiadas asintomáticas.

Cuando el Estado señala la necesidad de cuidarnos y respetar la distancia y el uso de tapabocas, no es una exageración, sino que hay sólidas bases científicas para hacerlo. No cumplir estas sencillas normas nos expone innecesariamente al contagio.

(*) Prather, K. A., Wang, C. C., & Schooley, R. T. (2020). Reducing transmission of SARS-CoV-2. Science. Recuperado de: https://science.sciencemag.org/content/early/2020/05/27/science.abc6197/tab-pdf

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