28/01/2023

¿De dónde vino el Coronavirus?

Aldo Calzolari es Licenciado en Microbiología y Doctor en Biología. Acredita una extensa actividad de docencia, investigación y extensión en diversas instituciones universitarias. En la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) ha dictado cursos de posgrado para la Facultad de Ciencia y Tecnología. También es docente en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

Si tenía dificultades para dormir por la pandemia y el aislamiento, le traigo aquí otro motivo de insomnio. La aparición del Coronavirus tiene dos posibles causas, una natural y otra conspirativa. Conocer cuál de las dos es la verdadera es irrelevante a efectos de controlar la pandemia en el mundo y en nuestro país; sirve sólo a efectos de saber dónde estamos parados y en qué mundo nos toca vivir.

Los virus -y el Coronavirus también- disponen de una “llave” (el pincho que le sobresale) que, cuando encuentran la “cerradura” adecuada en las células, se introducen en nuestras células, redirigiendo la maquinaria celular en su provecho para fabricar más virus.

Alrededor del año 1300, un filósofo inglés propuso un principio, conocido hoy como “la navaja de Occam”. Expresa que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que cuando hay dos explicaciones para un fenómeno, la más simple tiene más posibilidades se ser correcta que la más compleja.

Aplicando la navaja de Occam, la explicación más sencilla es la natural. Esto es: los seres vivos evolucionan, el Coronavirus también. En algún momento aparecieron cambios en su información genética (mutaciones) compatibles con nuestros receptores (la cerradura) y por azar pasaron a la especie humana. Un azar un poco forzado por la costumbre de comer animales exóticos, traídos directamente de la selva y concentrarlos en mercados gigantescos. Aún no hay acuerdo si proviene de murciélagos, que también se comen, o de un animalito simpático y con escamas, el pangolín. He defendido esta posición en diversos espacios.

No obstante, un comentario de un diario de hace pocos días me hizo sospechar que la hipótesis conspirativa quizás no fuera tan descabellada. Allí se citó un artículo del año 2015 publicado en “Nature” -la principal revista científica del mundo-, titulado: “Un grupo de Coronavirus de murciélago muestra potencial para pasar a humanos (traducción simplificada de: A SARS-like cluster of circulating bat coronaviruses shows potential for human emergence,https://www.nature.com/articles/nm.3985).

Este artículo, que voy a resumir en lenguaje no técnico (y perdón por alguna pequeña licencia) fue publicado por un grupo de estadounidenses e investigadores chinos de Wuhan, la ciudad donde comenzó la pandemia. Describen que toman la llave de un Coronavirus de murciélago, lo unen al «esqueleto» de un virus de ratón y lo ensayan en células humanas. Oh, sorpresa, ese virus nuevo puede unirse bastante bien, aunque no de forma perfecta, a la «cerradura» de humanos (el famoso receptor ACE2 donde también se une el ibuprofeno, algunos remedios para la presión y otros).

Cuentan también en ese artículo que el Coronavirus fabricado tiene capacidad para crecer en células de pulmón humano «con notable capacidad infecciosa». Unos pocos años antes, en 2007, otro grupo de investigadores coreanos había alertado sobre la inminencia de posibles apariciones de virus de animales exóticos con capacidad para atacar seres humanos.

Estos son los hechos. El virus híbrido fabricado en el laboratorio existe desde 2015, hasta es posible (diría casi seguro) que hay modelos mucho más modernos de esos virus de laboratorio. China dice que Estados Unidos lo llevó durante las Olimpíadas de militares de octubre 2019, que se hicieron en … adivinen: sííííí … ¡Wuhan!, donde menos de dos meses después empezó la epidemia. Es decir, lo que originalmente era una explicación conspirativa y tortuosa podría ser verdadera.

La aparición del COVID-19 por causas naturales, por evolución, parece más sencilla. Es difícil imaginar tanta torpeza norteamericana de creer que el virus no iba a generar una pandemia y caerles encima. Ya Estados Unidos sobrepasó a China en número de personas afectadas y seguramente pronto en el número de personas fallecidas. También es cierto que no es la primera vez que Estados Unidos utiliza estrategias de guerra microbiológica contra sus enemigos: llenó a Cuba con plagas, desde la primera, con el virus de la peste porcina, en 1971, pasando luego a enfermedades de la caña de azúcar, café, tabaco e incluso a humanos.

¿Cuál es la verdad? No la conozco. Pero interesante tema para pensar en las noches, en lugar de contar ovejitas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.