28/01/2023

Actualidad Universitaria: Retomar el camino de la inclusión


A modo de introducción, el Rector de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Bioing. Aníbal Sattler, en su calidad de vicepresidente de la Comisión de Extensión, Bienestar y Vinculación Territorial; y Coordinador de la RedBien, ambos espacios del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), presenta en la edición número 77 de la publicación bimestral Actualidad Universitaria un escrito que señala la necesidad de fortalecer las propuestas de bienestar universitario con la consigna ineludible de la inclusión frente al escenario por el que atraviesa el país actualmente. Las políticas de bienestar universitario es el tema central de esta edición. A continuación se reproduce el texto completo.

Retomar el camino de la inclusión

Quienes desde las instituciones universitarias asumimos responsabilidades en torno al desarrollo de políticas de Bienestar Universitario, no podemos soslayar las dificultades actuales que se presentan en el escenario social y económico nacional.

Por encima de cualquier color político y de legítimos posicionamientos frente a diversos aspectos de la realidad, se vuelve necesario –como premisa básica de cualquier construcción colectiva- reconocer que la situación de la mayoría de las instituciones de educación superior atraviesa momentos críticos.

Peor aún, la población en general está padeciendo las consecuencias de políticas recesivas, lo cual conlleva el hecho de que muchas personas –sobre todo los jóvenes que egresan del nivel secundario- vean restringidas sus posibilidades reales de acceso a la universidad y depongan sus expectativas de formación a causa de las urgencias de un presente delicado.

Esto, sin dudas, reduce los márgenes de acción de las universidades en su cometido de brindar ambientes institucionales favorables, que mejoren la calidad educativa y propicien un desarrollo humano integral de quienes conforman la comunidad universitaria.

En este contexto, estoy convencido que el principal desafío al interior de las instituciones -especialmente en ese nexo con la comunidad en vistas al ingreso- consiste en fortalecer las propuestas de bienestar universitario con la consigna ineludible de la inclusión. Esto implica saber sortear debates tramposos que se tiñen de ideológicos, pero sólo resultan funcionales a aquellos sectores beneficiados con el modelo excluyente que impera.

Decididamente, debemos volver a mirar hacia adelante para dotar de un carácter inclusivo a las políticas de bienestar, lo cual traerá aparejado la renovación de las expectativas de las y los estudiantes que eligen formarse en la universidad pública (y de aquell@s que hoy no están ni siquiera pudiendo elegir cómo vivir).

Las instituciones universitarias podemos ser creativas para encontrar nuevas maneras y recursos que nos permitan desplegar estrategias de inclusión. Podemos también redoblar esfuerzos para mejorar diversos aspectos de nuestro funcionamiento. La voluntad política de rectores y rectoras está firme en el objetivo de avanzar por un camino que fue beneficioso y expansivo para el sistema universitario en años anteriores.

No obstante, para reforzar la idea de que estudiar una carrera universitaria sí tiene sentido, sí contribuye a la formación humana integral y sí aporta al crecimiento y desarrollo del país, hace falta algo crucial: la implementación de una política de Estado para la educación superior, activa y conducente, clara y estratégica.

No podemos suplantar con voluntarismo la decisión política de un Estado que debe estar presente para garantizar la educación superior como un derecho.

Tal vez tengamos que insistir con las declamaciones: el bienestar universitario (y la educación toda) no es un gasto, es una inversión. Las becas, los comedores, las bibliotecas, las residencias, los programas de movilidad, el deporte, los servicios de salud, las normativas que amplían derechos de ciudadanía universitaria, los ambientes libres de discriminación y violencia, la infraestructura, no pueden ubicarse como meros ítems de un listado en números rojos.

La vida universitaria, el valor que ésta tiene en el desarrollo cultural de la Nación, no puede reducirse a cifras que sólo contemplan el rendimiento en el aula, el presentismo o los índices de egreso. Claro que son variables importantes y hay mucho que trabajar en ello. Pero siempre bajo criterios de inclusión y con el aporte y el soporte indispensable de una gestión estatal que acompañe estas convicciones del sistema universitario.

Será fundamental entonces reforzar nuestra tarea para que aquellas personas a quienes la crisis las golpea de modo más directo, puedan cuanto menos plantearse la posibilidad de estudiar en la universidad; y que la universidad sepa y pueda contenerlas en el ingreso, acompañarlas para una permanencia favorable y un egreso que les permita concebirse de manera razonable en un proyecto de país.

Pero más importante aún será el compromiso de quienes administren y gestionen los recursos del Estado Nacional, para dotar a las instituciones universitarias del financiamiento necesario para que esas premisas sean posibles.

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