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Una mirada al desarrollo de vacunas contra el coronavirus

El Dr. Aldo Calzolari, docente de la UADER, analiza el cuadro de situación acerca de las vacunas en desarrollo en el mundo contra el coronavirus que está causando la pandemia, en base a artículos de diversas revistas científicas y periódicos *.

Aldo Calzolari es Licenciado en Microbiología y Doctor en Biología. Acredita una extensa actividad de docencia, investigación y extensión en diversas instituciones universitarias. En la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) ha dictado cursos de posgrado para la Facultad de Ciencia y Tecnología. También es docente en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

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¿De dónde vino el coronavirus? | La importancia de usar tapabocas

Al 10 de junio de 2020, hay 125 universidades, institutos de investigación y laboratorios privados en una carrera para lograr una vacuna. La ciencia argentina también dice presente con un grupo científico de la Universidad Nacional de San Martín y el CONICET.

Hace muchos años, en la época de Pasteur, Jenner, Koch y otros pioneros, desarrollar una vacuna y ensayarla era sencillo: tomaban personas desahuciadas, para quienes esa prueba era la única opción. O bien personas condenadas a muerte o a prisión perpetua y les invitaban a participar, a inyectarse. Si sobrevivían, ganaban su libertad. Incluso cuando Salk y Sabin hicieron los ensayos de sus respectivas vacunas contra la poliomielitis, en la década de 1950, las normas y regulaciones para ensayos eran relativamente simples. Hoy para ensayar una vacuna se necesita pasar por una serie de pasos, que en situaciones normales demoran años. La gravedad de la epidemia del Ébola en África pocos años atrás y la de la pandemia actual ha llevado a que los tiempos se reduzcan al mínimo, pero aún así se cuentan por meses.

Luego de arduos esfuerzos de desarrollo en laboratorio, se pasa por varias fases de ensayo. La primera, Fase I, intenta responder la pregunta: ¿Es seguro el tratamiento? La II apunta a responder si la vacuna es eficaz; una tercera fase contesta la pregunta si la nueva vacuna es un tratamiento mejor que los que ya se conocen. De esas 125 investigaciones en curso, solamente 7 han alcanzado el nivel de Fase II y una sola está en la recta final, en la Fase III. Esto trae expectativas que alguna de ellas pueda estar lista durante el año próximo.

Pero todavía no se puede brindar, aún hay una más: la Fase IV, que son estudios a largo plazo cuando ya se ha aprobado el ensayo y resta saber si tiene algún efecto adverso a largo plazo. Son necesarios estos largos pasos de la ciencia para conseguir una vacuna y cualquier otro fármaco: es el precio que pagamos ante los desastres que se hicieron en el pasado, como el caso de la talidomida, entre 1957 y 1963, un fármaco que hacía cesar las náuseas, mareos y malestar en embarazadas, que trajo luego problemas de miles de niñes nacidos con problemas teratogénicos, esto es, con defectos de nacimiento en manos, piernas, dedos.

Hay diversas estrategias para conseguir defendernos del coronavirus. Una de las más prometedoras es usando parte de la información genética, un pedacito del código que usa el virus para perpetuarse. Así, estas vacunas hacen que nuestro cuerpo fabrique partes del virus, que a su vez provocan que nuestro sistema inmune responda con anticuerpos para protegernos de un eventual contacto con él.

Otra forma es utilizando el virus entero, inactivado para que no pueda infectar, como lo son la mayoría de las vacunas virales en uso en el mundo –rubéola, paperas, etc. – Una tercera forma de abordaje es usar proteínas virales (entre ellas las “puntas”, proteínas S, M o E que se ven en las fotos) para que, inyectadas en nuestro cuerpo, fabriquen anticuerpos. El grupo de investigación argentino trabaja con esta estrategia.

Se espera que algunas de estas vacunas puedan estar en los primeros meses de 2021, si las pruebas son satisfactorias. A esperarlas y, mientras tanto, a cuidarse con barbijos, distanciamiento social, alcohol y jabón.

(*) Nature, Science, New England Journal of Medicine, New York Times, entre otras.