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“En el carnaval hay mucho trabajo que no se visualiza”

Agustina Brun es maquilladora profesional, licenciada en Educación y profesora de Artes Visuales. Se desempeña como docente en la Diplomatura en Fiesta Popular del Carnaval Regional y en talleres similares que dicta la UADER, a partir de una reconocida trayectoria. Cuenta sobre su experiencia junto a quienes se capacitan y desanda algunos prejuicios y desafíos del mundo carnavalero ante la mirada ajena desde "el desconocimiento".

A través del dictado en Gualeguaychú de una diplomatura de extensión que va por la segunda cohorte, y de talleres que se realizan en diversos municipios, la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER) trabaja fuertemente en la vinculación con la Fiesta Popular del Carnaval Regional.

La premisa es clara: brindar un espacio de capacitación formal a agentes culturales que se desempeñan en algunas de las múltiples tareas que conforman el mundo carnavalero; al mismo tiempo que generar un proceso de integración de prácticas, conocimientos y saberes populares y académicos.

Agustina Brun es una de las docentes en estas instancias que desarrolla la Universidad, donde dicta el módulo de “Maquillaje artístico, social y caracterización”. Ella es profesora de Artes Visuales; maquilladora profesional egresada del Centro Internacional Científico de Estética Aplicada; y licenciada en Educación. Vinculada al Carnaval de Gualeguaychú hace 18 años, ha coordinado allí talleres de maquillajes de las comparsas Papelitos, Kamarr y Marí Marí.

“La incorporación a la agenda académica del carnaval, es un gran avance, en cuanto confiere reconocimiento a un saber popular, en este caso un conocimiento que se aplica a una fiesta tan importante”, considera Brun sobre el involucramiento de la UADER con el tema.

“Ahondar en materia teórica permite a los estudiantes comprender no sólo la génesis de los diversos carnavales sino también su espíritu, y de esa manera abrirse más a otras manifestaciones culturales que encontramos diseminadas por la región bajo la denominación de carnaval”, opina a partir de la experiencia en la diplomatura y alude a la adquisición de “una visión compleja de todo lo inherente a estas fiestas que permite emitir juicios contextualizados y no sólo en base a creencias y gustos personales”.

Por otro lado, en cuanto al desarrollo de asignaturas prácticas en estos espacios formativos, “se genera un ida y vuelta tan interesante que no sólo nos permite perfeccionar las técnicas aplicadas al desarrollo de vestuarios, carrozas y maquillajes, sino también conocer e incorporar nuevas aplicadas en otros carnavales de la región”.

Sobre su campo de trabajo específico, Brun observa que “el maquillaje es el eslabón más débil de la mayoría de los asistentes”, dado que “en general están más vinculados a vestuario y carrozas”. Pero destaca que “muchos vienen con poco conocimiento pero con muchísima sed de aprendizaje”. Esto le permite trabajar en un contexto de “mucho interés” y saldar quizás el poco tiempo que se dispone para ahondar en cuestiones técnicas muy específicas. En este sentido, la docente se centra en transmitir “principalmente lo que más resultado me ha dado en el trabajo con las comparsas”.

Consultada sobre su pensamiento respecto a prejuicios y algunos “ruidos” que a otras personas les genera este involucramiento de la Universidad con el carnaval, dice creer que “hay varios factores que influyen a que el desarrollo de la diplomatura genere algún que otro interrogante”.

“Por empezar, hay un vasto desconocimiento social sobre lo que ocurre dentro de un taller de carnaval, no se dimensiona lo complejo que resulta materializar una comparsa. Al ser una industria cultural hay mucho trabajo que no se visualiza”, señala Brun y agrega:

“Por otro lado, estamos dictando en un ámbito académico asignaturas que se vienen aprendiendo dentro de talleres, lo cual resulta un cambio de paradigma. Esto ha sucedido a lo largo de la historia y es entendible. Un ejemplo: ¿quién cuestiona hoy que las bellas artes se aprendan dentro de las universidades, además de poder estudiarse en ámbitos no formales? Bueno, con el carnaval pasa más o menos lo mismo: hay miles de talleres donde aprendes a tallar, soldar, modelar, pintar, diseñar; pero aprendes una sola de esas disciplinas y por lo general son saberes que no poseen certificación”.

Por eso, en el vínculo con la Universidad “accedes a aprender varias disciplinas y obtenés certificación; eso legitima el conocimiento y abre puertas”.

En virtud de vencer éste y otros prejuicios en torno al mundo carnavalero, “considero que lo desconocido nos genera incertidumbre y simplemente son procesos sociales y culturales que como tales requieren de tiempo para ser conocidos, comprendidos y apoyados en su totalidad”. Y sostiene “la convicción de que vamos por el buen camino y debemos seguir trabajando y profundizando en los saberes populares, para devolverle a la sociedad un producto cultural cada vez mejor y que eso se vea plasmado en mayor aceptación y visibilización”.

La mujer y el carnaval

Respecto al rol de la mujer en el ámbito del carnaval, a situaciones frecuentes donde las opiniones se entrecruzan en torno a la cosificación, la doble moral y las reivindicaciones feministas, Brun manifiesta:

“Es innegable que en la actualidad existe un exagerado culto por la imagen, con imposición de cánones estéticos muy difíciles de alcanzar. Cuerpos trabajados en el gimnasio con mucho esfuerzo, dietas exigentes, cirugías plásticas; y casi siempre son las mujeres que incluyen esas variantes las que se destacan en nuestro carnaval”.

Y entiende que “un cuerpo perfecto de acuerdo al estereotipo, es un anzuelo para el público porque vende más que los cuerpos convencionales, pero ante esto creo que es fundamental asumir que estamos perdiendo de vista el sentido del carnaval, que es mucho más que un cuerpo agraciado; atrás hay una industria inmensa, ideas, esfuerzo, miles de personas trabajando para contar una historia, donde hay lugar para todos; tenemos que ocuparnos de visibilizar más esas cuestiones”.

Siente que “nuestra sociedad no está lo suficientemente madura para modificar esa visión del carnaval, de cuerpos como objeto de deseo, hacia una concepción de espectáculo cultural”.

De todos modos, “se ven aires de cambio y eso es lo interesante; es un trabajo complejo donde todos los actores debe estar conscientes, hay mucho por delante”.

Y finaliza con una anécdota de su vida personal como madre: “Mi hija de 12 años me preguntó hace poco si cuando creciera se podía hacer determinada cirugía estética. Hablamos un rato sobre eso y me quedé pensando en qué le está pasando a una nena para que ya esté queriendo modificar su imagen. Qué estamos haciendo mal que en vez de enseñar a quererse como son, enseñamos a mirarnos con ojo crítico y no estar nunca conformes. Mi hija sueña con ser reina del carnaval y puede sonar banal, pero ella nació prácticamente en un taller de comparsa y para ella la fiesta es muy significativa. Su sueño es representar esa fiesta, no sentirse la más bella, pero se da cuenta que para llegar necesita una ardua preparación y me asusta imaginar que no se sienta capaz de hacerlo sin ciertos sacrificios. Para que esto no ocurra, considero fundamental posicionar cada vez más la lucha feminista, promoviendo otras actitudes en las propias mujeres del carnaval, muchas de las cuales eligen prepararse para responder a los cánones, buscan roles de exposición o ellas mismas se cosifican. Por suerte, algunas ya están luchando para revertir eso”.

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