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“El traductor es un mediador cultural que abraza la otredad”

El 30 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Traducción, para destacar el trabajo de las y los profesionales de la lengua. Sobre las implicancias de esta tarea y su formación, comparte sus apreciaciones Cynthia Ikonicoff, traductora, docente e investigadora de la UADER con amplia trayectoria en las carreras de lenguas extranjeras de la FHAyCS.

El 30 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Traducción. La fecha -que brinda la oportunidad de reconocer el destacado trabajo de traductores y traductoras- encuentra su origen en la festividad católica de San Jerónimo, traductor de la Biblia.

Para conocer más sobre esta tarea, sus implicancias, las dificultades, la influencia de la tecnología y el rol profesional de la traducción en tiempos de globalización; la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), a través de la Secretaría de Comunicación, entrevistó a Cynthia Ikonicoff, consejera directiva, docente e investigadora de la Facultad de Humanidades Artes y Ciencias Sociales (FHAyCS) con amplia trayectoria en esta unidad académica.

“Estudié en la FHAyCS en Concepción del Uruguay. Primero hice el Traductorado y luego el Profesorado Universitario en Francés. Luego cursé la Licenciatura en Lenguas Extranjeras y estudié Derecho. También soy Especialista en Educación y TIC. Actualmente me encuentro realizando una tesis para la Universidad de Rouen, Francia, en análisis del discurso y derechos humanos. Desde que era estudiante siempre formé parte del consejo de carrera. Con el tiempo concursé e ingresé al cuerpo docente. Luego fui electa tres veces como coordinadora de las carreras de Profesorado y Traductorado en Francés. También me desempeñé como coordinadora de la Licenciatura en Lenguas Extranjeras y de los Traductorados Públicos de Inglés y Portugués. Actualmente dicto tres cátedras, soy miembro de un grupo de estudio en el Centro de Investigaciones en Humanidades y Ciencias sociales de la sede Concepción del Uruguay y soy miembro del Consejo Directivo en nuestra facultad”.

¿Qué implica la tarea de traducir?

– La tarea del traductor es siempre un gran misterio para el común de la gente. A veces vemos (con indignación) en internet anuncios del tipo, “trabajitos para realizar on line” o “aprovecha tu conocimiento de algún idioma”, como si se tratara de un hobby y ello no es así. La traducción es una profesión, los traductores somos profesionales versados no solo en la lengua extranjera sino en la nuestra. No en vano es una carrera de cinco años de duración. Se requieren saberes, competencias y técnicas que no posee, por ejemplo, un nativo. Durante el acto traductivo se producen operaciones mentales reflexivas y cognitivas muy particulares que no suceden en cualquier persona bilingüe. El cerebro del traductor es objeto de investigaciones en el campo de la neurolingüística, psicolingüística, la neurología, entre otras ciencias.

Traducir es expresar en una lengua de llegada el mensaje de un autor, producido en una lengua de origen, en un determinado contexto o situación comunicativa. El resultado debe ser un texto equivalente al original sin que el receptor detecte que se encuentra ante una traducción. Se traduce el sentido y no las palabras.

Para definir la Traducción podría citar a Borges: “ningún problema tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción”.

Algo fundamental es que para traducir debo entender, reflexionar acerca de un contexto, una cosmovisión, una situación comunicativa específica donde ese texto (discurso) es pronunciado.

¡Qué serían de aquellas bellas frases de Proust o de Shakespeare sin un traductor capaz de bucear en cada rincón de esas líneas para transmitir sus más sutiles componentes y que podamos emocionarnos y vibrar en nuestra lengua con cada palabra como lo haría un nativo al leerlo en lengua original!

¿Cualquier obra, texto o investigación puede ser traducida? ¿Hay alguna especificidad temática, territorial, científica, histórica que haga dificultosa esta tarea?

-En principio debo decir que hay una máxima muy conocida, el proverbio de origen italiano “il traduttore, traditore” (el traductor, traidor) y esto hace referencia a lo que Umberto Eco llamaba “traducir casi lo mismo” (2008). Esto es así porque la traducción perfecta es una utopía y porque a su vez cada texto puede ser traducido de maneras diferentes y trasmitir perfectamente el sentido de lo que quiso expresar el autor. Por ello existe una discusión histórica en cuanto al derecho de autor del traductor. Cada traducción es una obra en sí misma que requiere del esfuerzo intelectual pero también del talento estilístico del profesional. Lutero decía: “Me ha costado mucho esfuerzo traducir para poder ofrecer un alemán puro y claro. Con frecuencia se ha dado el caso de buscar y preguntarme durante quince días, o durante tres o cuatro semanas, acerca de una sola palabra, sin encontrar, a pesar de ello, respuesta inmediata” (tradujo la Biblia al alemán).

Por supuesto, no es lo mismo traducir un texto del campo de la medicina o de la matemática, donde la terminología podría constituir una de sus mayores dificultades; un texto filosófico, donde cada palabra posee un componente semántico muy sutil y hasta volátil; un texto jurídico, donde la lengua constituye la ciencia en sí misma (el Derecho) o una obra literaria donde la traducción se pone a prueba de la manera más absoluta. Ahí entra en juego la profesionalidad del traductor de prepararse e investigar antes de realizar su trabajo, y si es posible, especializarse en algún área. En general, se piensa que es leer el texto y solo pasarlo a otra lengua pero no; hay todo un trabajo invisible que hace que cuando leemos un texto cualquiera, no nos percatemos de que estamos ante una traducción.

¿Cómo influye la tecnología? ¿Hace peligrar el servicio?

-La tecnología entendida como las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación) son hoy parte de las herramientas de las que se sirve el traductor en su día a día. Es difícil imaginar a los traductores en el siglo pasado, recorriendo bibliotecas para buscar un término o haciendo fichas a mano. Era un trabajo enorme y admirable.

La tarea se facilitó y se complejizó al mismo tiempo. Se facilitó en cuanto a la búsqueda terminológica, las bases de datos, los programas de tratamiento de texto, etc. A su vez, se complejizó, ya que requiere de una constante actualización y especialización de parte de los profesionales de la traducción. En cuanto al “peligro” que significan los traductores automáticos, ello no es así. Tiene que ver con el componente humano de la traducción que no ha podido ser reemplazado, al menos de momento, por lo tecnológico. La sensibilidad, el criterio, la empatía, las competencias traductoras aún no han podido ser replicados.

¿Hay idiomas o culturas más difíciles de traducir? Y viceversa, ¿hay idiomas más complejos para recibir una traducción?

-Por supuesto, las distancias culturales influyen en la dificultad de la traducción. No es lo mismo traducir desde el yupik, lengua hablada desde Siberia a Alaska o las lenguas orientales; que traducir desde el francés o el alemán con quien compartimos una visión occidental de la lengua, del mundo en general (aunque parcial). En todo caso el traductor está capacitado para mediar entre esas culturas actuando como nexo invisible.

¿Cuál es el valor agregado entre saber el idioma y ser traductor?

-El traductor es un mediador cultural, es decir, su conocimiento de la cultura de o a la cual traduce es profundo. Esta interculturalidad no es solo conocer una cultura sino comprenderla, empatizar con ella, respetarla como tal, aceptarla y abrazar la otredad de alguien que no piensa y no vive en su mismo universo (entendido como sistema de creencias). El bilingüe conoce una lengua y por supuesto puede transformarse en un gran traductor pero con el estudio que ello conlleva.

En este mundo globalizado, ¿observa que existe una mayor conciencia en la actualidad de que el multilingüismo es un factor para la comunicación y el entendimiento de los pueblos?

-Totalmente. El acceso a la información hace que tengamos muchísimos estímulos pero yo puedo leer un texto en indi (más o menos) usando el traductor de Google, pero nunca voy a percibir el tono, la ironía, las implicancias culturales. Recordemos que el 80 por ciento de la comunicación es no verbal en el caso del texto oral y en el escrito se podría decir que hay una gran parte de mensaje subyacente (por ello las notas del traductor). Pongamos un ejemplo: si yo le digo a un español (hablamos el mismo idioma) que estoy en Pampa y la vía, muy probablemente me quedará mirando sin saber que contestar. Muy difícilmente va a poder deducir que me refiero a que estoy mal económicamente…¡y esto en nuestro idioma! Es en ese sentido que la traducción posibilita y favorece el entendimiento entre los pueblos. ¡Para entender al otro debo entender su mundo, para entender su mundo debo entender cómo piensa y esos pensamientos se expresan en una lengua…que es recuperada por el traductor! Justamente hace poco hice un curso de posgrado en interculturalidad, en la Universidad “La Sagesse”, del Líbano. Cada vez hay más formaciones de este tipo porque son absolutamente necesarias. Así que sí, efectivamente, hay mayor conciencia de la necesidad de una comprensión multilingüe para el entendimiento y la comunicación a nivel mundial.

El posicionamiento de UADER

Nuestra Universidad, a través de la Facultad de Humanidades, ha desarrollado una política muy fuerte en los últimos años con relación a las lenguas extranjeras, convirtiéndose en un referente absoluto a nivel provincial e incluso nacional, posicionando en un lugar destacado a la UADER en cada congreso, cada formación, cada beca.

Tenemos las carreras de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, los Traductorados Públicos y los Profesorados Universitarios en lenguas. Trabajamos constantemente, por ejemplo, con las embajadas de Francia y de Suiza, en el caso del francés. Nuestros estudiantes y docentes son becados cada año, y recibimos estudiantes extranjeros en nuestras sedes.

Esto es muy importante para todas las facultades de nuestra Universidad ya que la internacionalización beneficia tanto a alumnos como a docentes quienes acceden a espacios de formación en todo el mundo.

Para terminar, puedo decir que la carrera de traductor es fascinante y que uno nunca deja de estudiar. Podemos continuar en cualquier ámbito de especialización o incluso incursionar en nuevas áreas como la terminología, la lexicografía, la investigación.

Foto: Gentileza Alejo Cabillón.