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Discurso del Rector por los 70 Años de Gratuidad Universitaria

El Rector de la UADER, Bioing. Aníbal Sattler, tomó la palabra en el acto que se realizó en Rectorado para conmemorar el Día Nacional de la Gratuidad de la Enseñanza Universitaria en Argentina. Se refirió a lo que implica hoy reivindicar la educación pública y gratuita.

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LEER CRÓNICA DEL ACTO

«Buenas tardes para todos, todas y todes quienes conforman nuestra querida comunidad universitaria y también para aquellos y aquellas que desde otras instituciones y grupos nos acompañan en esta jornada.

Siento un profundo orgullo personal, de poder estar aquí hoy, como Rector de una Universidad Pública Argentina, tomando la palabra para conmemorar los 70 años de la Gratuidad de la Enseñanza Universitaria en nuestro país.  

Orgullo de haber sido estudiante; de ser egresado, docente y funcionario de la Universidad Pública; y de estar celebrando aquel decreto de 1949 impulsado por un gobierno que para muchas personas, entre las que me incluyo, transformó para siempre la vida del pueblo argentino.

Tuvieron que pasar 58 años para que el Estado Argentino, bajo un gobierno que -también- para muchas personas transformó para mejor la vida del pueblo, reconociera y valorara como corresponde esta fecha: como una bisagra en la historia de la educación nacional.

Hoy, a 70 años, no tengo dudas del significado histórico que tuvo aquella medida de la gratuidad para las instituciones universitarias; no tengo dudas de que fue el germen para la inclusión y el acceso de los sectores populares a la formación universitaria; el germen de un proceso del cual somos hijos e hijas, del cual la UADER es una viva expresión.

Lamentablemente, esta conmemoración nos encuentra en un contexto del país y de la patria grande latinoamericana, donde asistimos a graves situaciones de violencia, de discriminación, de vulneración de derechos y de retrocesos en materia de inclusión, de seguridad social y laboral, de atención de la salud y la educación. 

Son tiempos complejos, agitados, donde se va reconfigurando el mapa político y donde, también, gracias a la convicción compartida, se puede reafirmar que la educación pública y gratuita es un derecho humano y un deber de los Estados. 

En algunas ocasiones, ante las diversas manifestaciones y posicionamientos que esta Universidad ha realizado sobre el acontecer político y social, o sobre temas que generan debates y controversias, se nos suele cuestionar y se nos reduce a la pretensión de que debemos permanecer aislados, como si educar o formar profesores, técnicos y profesionales fuese una especie de producción fabril, ajena a un entorno, a una historia, a procesos de cambio; ajena a factores culturales e ideológicos.

Pero no. Aquí estamos convencidos de disputar sentidos y de asumir un rol como institución educativa profundamente política, que busque protagonizar la dinámica de la sociedad, caminar junto a la comunidad, enseñar y aprender.

Aquí estamos para reivindicar esa forma de ser y hacer Universidad Pública, fiel a la tradición que germinó con la Reforma de 1918; que se potenció con el decreto del ‘49 y que floreció a lo largo del siglo XX y aún en épocas oscuras donde se la censuró.

Y digo todo esto para vincular estos 70 años que celebramos, con la bandera whipala que desplegaremos hoy, y que tiene un sentido, desde luego. 

Este símbolo étnico del pueblo aimara, reconocido por el Estado Plurinacional de Bolivia, condensa en sus colores la tierra, la cultura, la fuerza, el tiempo, la producción, el espacio y la política. Condensa la diversidad y la riqueza de los pueblos. Viene a recordarnos, aquí expuesta, que las grandes transformaciones, los grandes avances y logros de una sociedad, son con todos, todas y todes; para todos, todas y todes.

La bandera whipala nos interpela y nos reclama. Es, hoy más que nunca, un grito de denuncia contra el golpe de Estado en el hermano país de Bolivia; un acompañamiento al pueblo boliviano que ve interrumpido un período democrático y sufre la represión y la persecución de parte de quienes, otra vez, pretenden el saqueo, los privilegios y los beneficios para unos pocos.

Es también esta bandera, un abrazo de hermandad con todos los pueblos latinoamericanos que honran sus orígenes y sus raíces; que no quieren volver a ponerse de rodillas frente al poder trasnacional ni frente a los sectores que en cada país restringen derechos y cercenan las posibilidades de progreso, de unión y de tolerancia.

La presencia de la whipala en este Rectorado implica la decisión de seguir apostando por la perspectiva de la interculturalidad en nuestra sociedad y en nuestra propuesta de educación superior.

(Por eso agradezco profundamente a los y las representantes de las comunidades originarias de Entre Ríos por acompañar este hecho y por su vocación de trabajar junto a la UADER en el marco del Programa Interculturalidad y Pueblos Originarios que hemos creado este año).

Como expresé en múltiples oportunidades, no se trata sólo del ingreso a la universidad de los sectores populares o históricamente excluidos, sino también de permitir el ingreso de lo popular y de los saberes acallados a nuestras aulas. Ese es el camino que nos traza esta conmemoración de los 70 años de Gratuidad: seguir profundizando un proceso de democratización y ampliación de derechos.

En este sentido es que se vuelve imperioso reivindicar la Gratuidad Universitaria en el presente, porque ha sido un pilar fundamental para que millones de argentinos y argentinas construyan su futuro apostando por una carrera, por el conocimiento y el saber, por la educación para transformar el mundo.

Reivindicar la gratuidad, hoy, es volver a ponernos por delante el desafío de que la Universidad Pública se fortalezca como un actor preponderante en la vida y el desarrollo de nuestros pueblos. Un actor que se proponga nuevas metas de inclusión y expansión. Un actor que no sólo sea capaz de formar en determinadas técnicas y disciplinas, sino fundamentalmente fomentar el compromiso social de las personas con su tiempo.

Reivindicar la gratuidad, hoy, es además resaltar a todos los sectores sociales y etarios que forman parte de alguna acción universitaria en nuestra UADER. Porque junto a los casi 25 mil estudiantes de carreras de pregrado y grado que se vinculan a más de 100 titulaciones que ofrecemos en la provincia, tenemos que incluir a miles más: en las escuelas preuniversitarias, en los talleres de personas mayores, en las capacitaciones en oficios, en las diplomaturas que hemos dictado en los últimos años.

La gratuidad hace posible que la vida universitaria se enriquezca y esté de manera ineludible al servicio de la comunidad de la que forma parte.

La Universidad Pública debe ser la asesora natural de los Estados; una compañera de ruta de las políticas públicas. Con esa premisa venimos trabajando en la UADER.

Y con la enorme expectativa de una nueva y mejor etapa en el país, les convoco a seguir trabajando y a seguir soñando por una Universidad Pública Siempre. Por la Gratuidad Universitaria Siempre».